El maravilloso mundo…
… de los objetos.
Es fantástico como las personas adoptan ciertas actitudes reincidentes para con ciertos objetos de su propiedad, dándoles un comportamiento, un lugar al que pertenecer, una forma, una vida y un estilo.
Me refiero a… el otro día en Rio de Janeiro un taxista me pasa a buscar por el bar de un nuevo amigo en Jardim Botânico y vamos rumbo a Copacabana, a los 5 minutos de viaje, rodeando la Lagoa de Freitas me percato que sobre el tablero, o sea, en ese espacio que queda entre el acrílico que cubre a los relojes y el volante, el señor tiene sobre la derecha de este pequeño espacio -que no está pensado para colocar cosas, pero que sin embargo funciona para mucha gente de estantería para algún objeto-, un grabador de periodista. Es un grabador negro, que de los años ya brilla por las veces que fue manipuleado, se lustró con el mismísimo uso. De hecho, le falta una tecla, que no es el REC, que sigue ahí bien roja y colocada en su lugar, pero se le notan los años. Funciona con cassettes grandes, y está sobre una franela que pareciera tener tiempo ahí y sólamente cumplir la función de colchón para el grabador. Me pregunto para qué usará ese grabador este buen hombre. Me gustaría verlo entrar al auto y colocarlo ahí -pienso-. En realidad me gustaría ver una secuencia de él día tras día entrando al auto y colocando el grabador en la franela naranja que nunca perderá ese doblés y seguirá en ese rincón del tablero por mucho tiempo.
Es fantástico como tal vez sin quererlo y de mañosos simplemente, decoramos nuestro hábitat con objetos que consideramos valorables, no porque sean valiosos materialmente sino porque para nosotros significan algo más que un simple grabador, un simple celular, una simple agenda, y así, son objetos de culto para nuestras vidas, y los lugares en donde usualmente los colocamos, de la manera en que lo colocamos, de la forma en que lo tomamos para usarlo, de los accesorios que circundan al objeto para brindarle comodidad espacial, bien, todas esas cosas también lo son. A veces no tenemos sólo uno, sino varios y a cada cual le buscamos el trono perfecto, y así tanto el objeto en cuestión como ese lugar elegido pasan a ser cada cual parte de la vida del al otro, se pertenecen, y así de minimalista como suena, los seres humanos repetimos este comportamiento para muchas otras cosas.
Me gusta observar eso, me hace acordar a mi abuelo. Tenía mucha de esas cosas. Cómo llevaba las llaves, cómo era y dónde dejaba su billetera, la forma de guardar sus anteojos en su bolsillo. Todo el mundo tiene algo así, es cuestión de mirar y maravillarse con esas pequeñas cosas diarias.
E.T. (versión 2008)
uhmmm… casaaaa… Internet…
Lengua
Por qué todas las cosas en plural reducidas a sus iniciales -en español, claro está- es cada una repetida (ej: FF.CC., EE.UU., II.BB., etc.) y Buenos Aires, en su fucking defecto, es Bs.As. y no BB.AA. (¿¡mmm!?)
Bilhetería
Acá en Brasil vi en varios lugares un cartel que dice “Bilhetería”. Siempre está por encima de una ventanita y un pequeño mostrador; la gente se acerca gustosa a pagar un dinero a una persona que se encuentra del otro lado de la ventanita cuando quiere acceder a un lugar X y esa persona a cambio le brinda un pequeño papel.
Me pregunté a mi mismo qué dice ese mismo cartel en casa, en Argentina; por ejemplo en un cine, un teatro, un boliche, un puerto, etc. La respuesta fue simple, el cartel ese dice: “Boletería”.
Ahora bien, puede alguien explicarme por qué (y no me mientan) todos, absolutamente todos y cada uno de nosotros llegamos a esa ventanita y pedimos… “… una ENTRADA por favor” (?).
