Observaciones.
Observaciones de la vida cotidiana indican que…
El otro día una señora de avanzada edad tuvo muchos reflejos al intentar atajar a una pequeña criatura que desde una silla proyectaba su trompa estampada contra el suelo. Sorprendente.
Ayer, una señora venía caminando hacia la parada de colectivos, mira hacia atrás, ve su colectivo venir, y acelera su paso. Logra anticiparlo unos 30 metros, nadie más esperaba ese colectivo y ella lo notó. Una vez que llega al cordón, ahí se queda, y estira el bracito a un colectivo que venía por el medio de una calle ancha como una avenida pero mano única, con una fila de autos que terminaba justo en la parada, donde el último vehículo estacionado antes de esta era una camioneta enorrrrme que casi no dejaba ver el colectivo llegando. Y me pregunté, esta señora, ¿será para todo así de tímida? ¿Habrá sido siempre así de tímida? ¿Qué sucede en la vida de una persona tan tímida? ¿Perderá siempre su bondi?
Marketing.
El asesor de marketing le dijo al nuevo presidente de la empresa multinacional…
-Mire Sr., usted lo que tiene que hacer es hablar bien del ex lider de la empresa a nivel mundial, él tenía muy buena reputación entre los empleados y los clientes. Si usted desea dar una buena imagen y ganarse la confianza de ellos, yo creo que debería dar un discurso oficial nombrando sus cualidades y agradeciendo su gestión. ¿A usted qué le parece?
-Hagámoslo.
3 días después… LINK
Pago Fácil.
Entrás, pagás y te vas.
¡Las bolas!
Jueves, voy al Correo Argentino. Cartelaso que dice: “Pago Fácil: No funciona”.
Camino 3 cuadras y entro en Coto SICSA, y una señorita en la entrada me dice que la caja para Pago Fácil es la 3.
Luego de hacer 15 minutos de cola, con dos señoras con carro lleno y pagando con tarjeta de crédito, me toca a mi…
- ¿Pago Fácil? -pregunta la cajera sin mirarme sacando bolasas de abajo de su “lugar” y tirándolas hacia la parte trasera del coso ese sin nombre que tienen las cajas de supermercado.
- ¡Sí! -respondo yo.
- No tengo sistema.
Acto seguido voy a la chica que me dijo “[...] caja 3 [...]“:
- Ehhh… no tienen sistema. -esbozo.
- Ah. No sabía. -responde.
Y me retiro del lugar diciendo en voz baja:
- Y sí… eso espero.
Al día siguiente…
- Hola, funciona el Pago Fácil.
- Sí… peroooo… de Lunes a Jueves.
(Are you fucking kiddin’ me?)
Voy al correo. 3 cuadras. Entro, 17:45 hs. Hasta ese momento tenía entendido que EL SISTEMA (algo así como The Matrix pero de Pago Fácil) funciona hasta las 18:00 hs., y no más que las 18:00 hs., y cada vez que intenté pagar algo 18:01 hs. me dijeron: -”No, mirá, Pago Fácil a las 18 me corta EL SISTEMA, lo lamento.”
Sucede que de las 3 cajas que hay en el correo, 1 es EXCLUSIVA, qué digo exclusiva, es EXCLUSIVÍSIMA de Pago Fácil, pero claro, había un señor muy simpático que hablaba con la cajera como conociéndola de toda la vida y haciendo un tramite de esos que necesitan 25.000.000 de sellos y lo único que se escucha es TUM-PAF, TUM-PAF, TUM-PAF, bueno, de esos. Y detrás, nosotros, los usuarios de Pago Fácil, a sólo 10 minutos de que EL SISTEMA se muera. ¡HOLAAA!
Me acerco con voz entre indignado y laputaqueteparió y me dice: -”Quedate tranquilo que yo les cobro, aunque sean las 6, van a poder pagar.”
O sea que es todo un gran artilugio lo de EL SISTEMA solo para no laburar 20 segundos más y que vos te jodas con la factura vencida. ¡JAAAAAAAA!
A todo esto se bajan las persianas del correo. Quedamos bajo la luz artificial de los tubos unas 30 personas. 5 para Pago Fácil y el resto para el correo. Había de todo… la tana con los dos pendejos, uno más salvaje que el otro; la familia tipo con las nenas en brazo, la abuela que ya no podía estar más tiempo parada, el empleado que lo mandaron a pagar las facturas y se quería ir a la mierda, la gorda que ya chivaba pobrecita, el de 40 y pico que no soportaba más los alaridos de la tana ni a sus críos corriendo por todos lados y así…
Lovely.
Entrás, pagás y te vas.
Sí.
http://www.youtube.com/watch?v=RaiNWRunTUc
Sos groso, sabélo.
Sr. Museoso
Si usted entra al buscador web más conocido del planeta Tierra, mencionese: Google; y coloca bajo el criterio de búsqueda “Imágenes” una serie de palabras claves como puede ser el título de una obra pictórica, por ejemplo: “La Liberté guidant le peuple”, el resultado de dicha búsqueda le proporcionará a usted una amplia variedad de opciones. A sabiendas que la primera de ellas es esta, un archivo de imagen .JPG de 172 KB que consta de 1241 x 1022 píxeles. Dicho archivo usted puede imprimirlo tranquilamente en una resolución de 30 x 20 cm., permitiéndole luego colocar junto a un bello enmarcado esta emblemática pintura (que expone orgullosamente el museo del Lourve en Paris) en la sala de su hogar.
Ahora bien, yo me pregunto, siendo esta una tarea tan fácil, sencilla de aplicar y accesible a todo aquel que se disponga 3 minutos y una computadora con internet… ¿por qué se ensaña con la obra y hace esto otro?

Sepa, pues, que los resultados de eso, serán estos:






¿A usted le parece que alguna de estas fotografías -tomadas por turistas como usted- se acercan a esto?
Entonces… ¿POR QUÉ MIERDA LO HACE?
Haga el favor, deje de interponerse entre las obras y la gente que va a los museos a estudiarlas, a contemplarlas, a admirarlas, a observarlas por más tiempo que un “snap!” de cámara pedorra de teléfono celular. Córrase del medio y googlee la puta pintura desde su oficina sin joder a nadie.
Desde ya agradecemos su cooperación.
=)
Sábado por la tarde.

Salimos de casa y llegamos a Av. Maipú y San Martín. Luz verde para regar las plantitas del balcón.

Pasamos a saludar a una loca suelta con bucles de colores.

Caminamos. Lo’ gurise’ juegan en la plaza de la estación Bartolomé Mitre.

Lo’ gurise’ de la 3ra. también juegan en la plaza de la estación.

Algunos miran y escuchan sentados.

Otros hacen música y bailan.

Algunos de un color.

Otros de otro.

Todos argentos.

Sonando al rítmo del Río De La Plata.

Todos juntos.

Ellas tocan.

Ellas bailan.

Ella cuida.

Sus estandartes.

Sus únicas armas para ganar la pelea.

Que los dejen divertir y divertirse en la plaza.

Son muchos. Son un grupo. Y tienen pertenencia. La plaza, la murga. Son LOS BAKANES y todos los Sábados a las 17hs. hacen temblar la estación Bartolomé Mitre en Olivos (Buenos Aires - Argentina). Como antes. Como ahora. Como siempre. Conviviendo con todos, con los que juegan al tejo, con los que van a andar en patineta, con los que pelotean, los que se hamacan o suben a la calecita, con los que van con ganas de bailar y con aquellos que simplemente van para mirar y escuchar alegría.

Todo eso pasa acá. Así se llama. Y volvió a tener vida. Tiene familia. Ojalá que nadie la mate. Que nadie la deje huérfana.
P.
¿Cómo dijiste?
Hoy, andén de la estación Retiro - 17:30 hs.
Autoparlante y alguien que dice una y otra vez jugando al locutor de radio:
“Se informa a los usuarios que la salida de los trenes con destino Mitre se efectúa con demoras por repercusión de accidente personal a la altura de la estación Florida.”
Ahora, contame… ¿QUÉ CARAJO ES UNA “REPERCUSIÓN DE ACCIDENTE PERSONAL“? ¿MMMM?
Barrio: Florida.
Sólo pocas personas pueden entender lo que connota, lo que implica, la frase “No, no está, se fue a la Av. San Martín” en una charla telefónica. Y eso… ¡eso es genial!
No mucha gente puede armar tan velozmente en su imaginario lo que “ir a la Av. San Martín” significa como aquellos que vivimos en el barrio en el que se “va” a dicha avenida, aunque claro, bien sabemos todos que en realidad se trata de una calle.
El maravilloso mundo…
… de los objetos.
Es fantástico como las personas adoptan ciertas actitudes reincidentes para con ciertos objetos de su propiedad, dándoles un comportamiento, un lugar al que pertenecer, una forma, una vida y un estilo.
Me refiero a… el otro día en Rio de Janeiro un taxista me pasa a buscar por el bar de un nuevo amigo en Jardim Botânico y vamos rumbo a Copacabana, a los 5 minutos de viaje, rodeando la Lagoa de Freitas me percato que sobre el tablero, o sea, en ese espacio que queda entre el acrílico que cubre a los relojes y el volante, el señor tiene sobre la derecha de este pequeño espacio -que no está pensado para colocar cosas, pero que sin embargo funciona para mucha gente de estantería para algún objeto-, un grabador de periodista. Es un grabador negro, que de los años ya brilla por las veces que fue manipuleado, se lustró con el mismísimo uso. De hecho, le falta una tecla, que no es el REC, que sigue ahí bien roja y colocada en su lugar, pero se le notan los años. Funciona con cassettes grandes, y está sobre una franela que pareciera tener tiempo ahí y sólamente cumplir la función de colchón para el grabador. Me pregunto para qué usará ese grabador este buen hombre. Me gustaría verlo entrar al auto y colocarlo ahí -pienso-. En realidad me gustaría ver una secuencia de él día tras día entrando al auto y colocando el grabador en la franela naranja que nunca perderá ese doblés y seguirá en ese rincón del tablero por mucho tiempo.
Es fantástico como tal vez sin quererlo y de mañosos simplemente, decoramos nuestro hábitat con objetos que consideramos valorables, no porque sean valiosos materialmente sino porque para nosotros significan algo más que un simple grabador, un simple celular, una simple agenda, y así, son objetos de culto para nuestras vidas, y los lugares en donde usualmente los colocamos, de la manera en que lo colocamos, de la forma en que lo tomamos para usarlo, de los accesorios que circundan al objeto para brindarle comodidad espacial, bien, todas esas cosas también lo son. A veces no tenemos sólo uno, sino varios y a cada cual le buscamos el trono perfecto, y así tanto el objeto en cuestión como ese lugar elegido pasan a ser cada cual parte de la vida del al otro, se pertenecen, y así de minimalista como suena, los seres humanos repetimos este comportamiento para muchas otras cosas.
Me gusta observar eso, me hace acordar a mi abuelo. Tenía mucha de esas cosas. Cómo llevaba las llaves, cómo era y dónde dejaba su billetera, la forma de guardar sus anteojos en su bolsillo. Todo el mundo tiene algo así, es cuestión de mirar y maravillarse con esas pequeñas cosas diarias.
Calle
Un tren pasa sin detenerse y a toda velocidad por la estación. Todo el mundo mira sorprendido, miran desde atrás el último vagón alejarse tan rápido como se pueda imaginar.
Un señor mayor dice: -”Nunca en mi vida pasar un tren así de rápido. Nunca pasan así de rápido, las vías no aguantan esa velocidad”.
Y me dejó pensando en que en los tiempos que corren, el tiempo corre y nosotros, la juventud, somos testigos prematuros de cosas que gente grande, gente de una vida vivida, gente nacida en las primeras décadas del siglo pasado, jamás vio o presenció. Y es loco pensar que yo de 23 años y ese señor de entre 70 y 80 hayamos presenciado por primera vez algo tan impactante (realmente lo fue) y extraorinario (literalmente, háblese de lo que se halla fuera de lo común) y nos haya causado una misma sensación, exceptuando el detalle que a mis 23 no me sorprende tanto y él a sus 70ypico no podía creer lo que por primera vez había presenciado.
Subo al tren. Una mujer con una musculosa y la espalda descubierta tiene una marca, vieja, una cicatriz, pero redonda. Como si se hubiera o le hubiesen clavado algo, como si fuera una herida de bala.
A la izquierda una señora dormitaba parada, agobiada por el calor, pero tenía los ojos entreabiertos pero su pupila no se veía.
Más allá, sentado un hombre durmiendo con la cabeza hacia arriba y la boca semi-abierta.
A su lado, un hombre de unos 35 años ciego, con un bastón blanco. Es gordo, con pelo largo hasta los hombros, castaño y con ondulaciones. Todo el mundo está un poco transpirado por el calor. Éste hombre mueve sus labios como cantando en silencio.
En frente de él una mujer con un escote pronunciado y la marca de la maya a la vista de alguna tomada de sol en estos días.
Cuando llega a la siguiente estación veo un viejo conocido de madre subir al mismo vagón, sólo lo veo.
Llegando a Retiro una chica, joven ella, de unos 22 pasa al vagón donde estoy parado. Tiene un vestido verde, de esos cortos de verano. Castaña oscura, pelo lacio, ojos claros; mira una publicidad gráfica del interior del tren -casi de forma analítica-. Mira. Miro. Se intimida. Está apurada por bajar. Es de esas mujeres que anda con claridad. Con un aura que mezcla belleza e inocencia y te transmite eso y sólo eso.
A su alrededor, una chica un poco más grande, con un vestido de verano blanco y con flores, tez morena y ojos claros, no tiene claridad, ella es atractiva y el calor le sienta bien. Al lado de ella un hombre de rasgos aborígenes, barba negra de unos días, pelo largo y negro, jean negro, camisa blanca desabrochada y un rosario colgando del cuello. Agita su camisa desde el último botón abrochado cerca del medio de su pecho y así intenta airearse, el calor lo tiene mal.
Frente a la plaza San Martín veo las fotos de Luis Abadi y su Proyecto Yeca.
Estoy de pantalones cortos, remera, all stars y mi mochila, camino hacia calle Florida y ya los primeros comercios con puerta abierta hacen corrientes de aire (a unos 15ºC) algo así como dos metros hacia afuera y al pasar siento el aire frío en las piernas. Por un instante, un segundo nada más, refresca.
Doblo por calle Florida, en una esquina de esas complicadas donde la gente cruza y los autos y bondis también, un viejo pasa cartones de una bolsa de residuos a otra pero con una lentitud admirable, casi en cámara lenta, eran unas diez bolsas negras a su alrededor y él inclinado hacia adelante y mientras todos pasaban rápido por delante y por detrás, sacaba un poco de cartón de una y lo ponía en la que sostenía con la otra mano.
Llegando a Harrod’s un hombre en silla de ruedas toca el violín, un poco más allá la pareja de tango descansa del calor, metros más allá un hombre muy obeso sin extremidades inferiores pide monedas en el medio de la peatonal.
A la vuelta un flaco está con una chica muy linda, ella, clasica y bonita, él flaco, bronceado en su totalidad, castaño oscuro, pelo corto, gel, camisa abierta, hablador, casi casi que un banana. Habla por celular. Luego de charlar, en un momento pasa su brazo por detrás de la chica. Empiezan a juguetear. Debe ser el primer beso que le da. Ella al rato empieza a no darle mucha pelota. Él sigue hablando y mirando hacia el costado como pensando, “¿de qué hablo ahora?“, cuando algo se le ocurre vuelve su cabeza y ella corta seca con pocas palabras y el pibe otra vez corre la cabeza, juega con las manos, los brazos, en un momento lleva su mano derecha hacia su hombro derecho con el codo mirando al cielo, se da cuenta que está transpirado, se toca, y se huele. La chica sigue a su lado. Quiere no mirar creo.
Al rato me subo a un colectivo nuevo, bien nuevo. Una unidad recientemente adquirida, con pocos recorridos en su haber. Tiene olor a nuevo, el plástico, los asientos, los pisos, las ventanas, el techo, incluso hasta el andar es más confortable. Nunca me había subido a un colectivo con olor a nuevo.
Calle.